LA REVOLUCION INDUSTRIAL EN ESPAÑA RESUMEN

Continuamos con la serie dy también artículos sobry también la Revolución Industrial. En ésty también abordamos su fracaso en España duranty también el siglo XIX. Lo analizamos desdy también diversos ángulos: demográfico, agrícola, industrial, de comunicación y transporte, financiero y dy también política económica (librecambismo en frente de proteccionismo).

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En realidad, todos estos aspectos nos remiten a uno central, el político. Parafraseando al líder revolucionario ruso de octubry también de 1917, Lenin, podríamos decir que la «política no es sino más bien economía concentrada». En Inglaterra la burguesía se hizo con el poder político ya en el siglo XVII, antes que en ningún otro país del mundo. Y desdy también su control del Parlamento británico pudo poner en marcha medidas favorables a sus intereses: Leyes dy también Cercamientos o Enclosury también Acts, leyes quy también protegían la producción industrial textil británica, aun en frente de la proveniente de sus colonias (India), Leyes de navegación o Navigation Acts quy también reservaban el tráfico dy también mercancías en los puertos ingleses a los navíos británicos, etc.

En el caso español, el acceso al poder político de la burguesía revolucionaria resultó muy dificultoso y solo sy también sostuvo durante períodos de efímera duración. Curiosamente, los momentos dy también mayor avance del liberalismo revolucionario coincidieron con períodos de guerra: la de Independencia contra la ocupación francesa (Cortes y Constitución de Cádiz de 1812) y la primera guerra carlista (desamortizaciones dy también Mendizábal y Constitución dy también 1837). Pero las sucesivas restauraciones absolutistas con Fernando VII, o las etapas más duraderas en manos del liberalismo doctrinario o conservador, no dejaron la plena consolidación dy también las transformaciones revolucionarias, ni en el ámbito político, ni en el social, ni en el económico. El fiasco quy también supuso la experiencia de la Primera República, con las insurrecciones cantonalistas y el violento cierre a cargo del estamento militar: Pavía asaltando las Cortes; Serrano asumiendo una pvivienda con la Constitución suspendida; y Martínez sectores dando finalpsique un golpe dy también Estado a favor de la restauración borbónica —régimen al quy también el regeneracionista y miembro dy también la institución Libre de Enseñanza, Joaquín Costa asociaba a «oligarquía y caciquismo»—, acabó limitando el alcancy también de las transformaciones políticas y permitió quy también sy también preservaran en el poder instituciones arraigadas en el antiguo Régimen, como la Iglesia Católica o una monarquía formalpsique constitucional, aunque absolutamente alejada del funcionamiento parlamentario británico. La Segunda República fuy también un intento tardío dy también remontar el secular atraso político y social, pero fuy también finalpsique abortado por el golpy también dy también Estado militar que dio paso a la Guerra Civil.

En esta revista, en el número 5 de abril de 2016, Álvaro López Franco ha publicado un interesante artículo titulado: La difícil implantación del liberalismo en la España del siglo XIX, al que remitimos a los lectores para poder entender los continuos vaivenes políticos ocurridos durante el siglo XIX. Quisiéramos asimismo aprovechar para agradecer a la profesora dy también Geografía y también Historia, Almudena Gutiérrez Matesanz, por sus excelentes materiales docentes que también han contribuido a hacer posible la redacción del presenty también artículo.

Éxito en Inglaterra y fracaso en España

ciertas premisas que favorecieron el desarrollo dy también la Primera Revolución Industrial en países como Inglaterra no sy también llegaron a dar en España:

Como consecuencia de ello tampoco se produjo: ni una revolución demográfica, ni un notable incremento de la demanda de productos industriales por party también del sector rural para desarrollar la actividad productiva agraria (mecanización); quy también hubiera podorate favorecer un proceso de emigración masiva del campo a la ciudad. El campesinado, ubicado mayoritariapsique en un nivel de renta dy también subsistencia, tampoco podía ser un factor dinamizador de la demanda agraria dy también bienes dy también consumo industriales.La orografía dy también nuestro país, con la presencia de esenciales cadenas montañosas separando unas regiones de otras, la falta de grandes ríos navegables intercomunicados entry también ellos —a diferencia de Europa central con los ríos Rin, Danubio y sus afluentes—, y la pésima red dy también carreteras y caminos, dondy también el medio básico de transporte hasta mediados del siglo XIX, proseguía siendo el asno y la mula, dificultaron la creación dy también un mercado interior. Reino Unido, que muy tempranamente había eliminado las aduanas interiores, desarrolló una esencial red dy también carreteras y canales para conectar los centros industriales con los principales puertos del país.Tampoco favoreció la ubicación dispersa dy también materias primas y fuentes de energía claves para la Primera Revolución Industrial: los centros productores dy también mineral de hierro (Málaga y Vizcaya) se encontraban bastanty también alejados dy también los más importantes centros productores dy también lignito de hulla, a diferencia de Reino Unido, Bélgica y dy también la cuenca del Ruhr alemana, donde su localización era más cercana. En el caso español, la cuenca asturleonesa y palentina, alejada dy también los centros productores dy también mineral dy también hierro, aportaba el 73% del total de hulla producida entry también 1861 y mil novecientos trece (gráfico 01).

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Además, en el siglo XIX un gran número dy también españoles emigró a América, así, solo entry también mil ochocientos treinta y 1899 salieron dy también España un millón cuatrocientas mil personas, siendo Argentina, Cuba y Brasil los primordiales destinos. Este hecho se vio favorecloco por la crisis agraria de finales dy también siglo que contribuyó a estimular estas salidas.

El atraso dy también la agricultura, la baja productividad y la débil inversión en maquinaria y otros medios técnicos, dificultó que el planeta rural desempeñara un papel de motor dy también la demanda dy también productos industriales, dificultando de esta manera el proceso de industrialización, y tampoco pudo ser fuenty también de excedentes agrarios y dy también mano dy también obra para favorecer la emigración masiva del ámbito a la ciudad, propia dy también cualquier proceso industrializador. En su lugar debemos hablar nuevamente de un proceso lento, escaso y tardío. Así, en 1900 la enorme mayoría de la población española era todavía rural: el 51% vivía en núcleos poblacionales dy también menos dy también 5.000 habitantes, y menos del 10% de la población habitaba en ciudades dy también más dy también 100.000 habitantes. Dy también hecho, solamente la villa de madrid y barcelona superaban sutilmente el medio millón dy también habitantes mientras que que en Europa eran ya muy numerosas las urbes quy también superaban esa cifra, cinco de ellas en Reino Unido, con Londres alcanzando la cantidad de los seis millones y medio de habitantes, por delante de la ciudad de parís con tres millones y Berlín con 2 millones. Sin embargo, una vez más, hallamos en Cataluña la excepción, con una tasa de urbanización muy superior al resto dy también España y muy semejante a la de los países industriales más desarrollados.

Un desarrollo industrial localizado en Cataluña y en el País Vasco

Como ya hemos señalado anteriormente, la industria española se desarrolló cerca de dos focos: el textil catalán y más tarde la siderurgia vasca.

La industria textil catalana

en contraste al resto del país, en Cataluña sy también produjeron varios dy también los factores que conocieron países como Inglaterra para desarrolló una Revolución Industrial. La agricultura conoció mejoras técnicas quy también dejaron ya en el siglo XVIII una mejora de productividad y la generación de excedentes comercializables en el sector del vino y el aguardiente. Y las ganancias de esta forma acumuladas pudieron ser invertidas en el campo textil (al principio en la lana). La apertura del mercado interior tras desaparecer las aduanas interiores con Castilla y el acceso al mercado americano, vetado hasta Carlos III (1778), sirvieron de estímulo al desarrollo económico. La proximidad y proximidad con Europa y la importación dy también maquinaria inglesa impulsaron una esencial industria textil que se afianzó a lo largo del siglo XIX. La política dy también los Borbones, que combinaba aspectos del pensamiento fisiocrático —libertad de fijación de los costos del trigo— y del mercantilismo —protección y también impulso de las industrias nacionales—, favoreció la protección dy también este sector industrial (Ley dy también mil ochocientos dos que prohibía la importación dy también hilados extranjeros).

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En el siglo XIX se fue dando el paso de la producción textil lanera a la dy también algodón. Como se puedy también ver en la tabla 01, el desarrollo dy también la industria textil algodonera catalana a lo largo del siglo XIX (contabilizado por el consumo de su materia prima) fuy también muy poderoso. Comparando con la evolución dy también la industria textil británica, de ser ésta cuarenta veces superior en tamaño a inicios de siglo, la relación sy también fue reduciendo hasta ser tan solo 10 veces superior a finales dy también siglo. Conociendo unas elevadas tasas de desarrollo casi siempre muy por delante de las británicas —también en razón dy también que ésta ya estaba consolidada—, mas que, conforme Jordi Nadal, en 1860 estaba por delanty también de la dy también Bélgica y dy también la de Italia. El elevado ritmo dy también desarrollo durante el siglo XIX apenas conoce interrupciones, salvo la provocada por la guerra dy también Secesión norteamericana (1861-1865) y al final del período previo al estallorate dy también la Primera Guerra Mundial. En cuanto al peso dy también la industria textil catalana en la Península apuntar que en mil ochocientos sesenta disponía del 60% de toda la capacidad productiva instalada, pero en mil novecientos trece alcanzaba ya el 90%, consumiendo durante el periodo 1861-1913 entre el 85 y el 96% dy también todo el algodón importado. Por lo tanto, no tenía verdaderamente ningún competidor interior.